sábado, 30 de enero de 2016

Sábado, 30 de enero.

   La noche pasada estuve un rato viendo un programa sobre Alfonso Rus, el corrupto de moda. Tiene hasta una tienda de ropa con nombre de capo y todo, Stefano Russini, donde no se sabe muy bien si los trajes son inasequibles o regalados. Lo está investigando la guardia civil. Desde hace tiempo política y pasarela van de la mano, uno no sabe ya a qué sección del periódico acudir para enterarse de lo último. Después del anterior debate sobre el estado de la nación recuerdo que leí un artículo (no sabría decir de quién) que me hizo gracia: en lugar de los temas tratados hablaba de los vestidos de las damas y demás, irónicamente. Aunque ahora ese doble sentido se ha eclipsado, o al menos el cachondeo ha adquirido una nueva dimensión, de manera que no queda claro si las crónicas parlamentarias van de lo que se lleva, de lo que se llevan o de qué cojones. Supongo que de lo que haga falta con tal de no sacar el paro o la deuda o los graves problemas que sufre el país y cómo resolverlos. Cualquier día titularán la página política "Recortes y confección". Pero bueno, ya que estamos con las tendencias, diré que yo nunca entraría en una chaquetería regentada por una señora a la que apodan "la rusa" y que parece un mini-yo galvanizado de Dolly Parton, con todo el respeto debido a las rusas. Lecciones de estética pocas podrán dar por ahí (de ética ya ni hablo). Es lamentable que semejante personal dicte las leyes, pero que pretendan dictar también la moda es como para pedir asilo en la primera embajada mongola que te encuentres. Muy caro y mucha cara, que diría Rajoy.

viernes, 29 de enero de 2016

Viernes, 29 de enero.

   Ayer Fran Rivera, a propósito de la foto en la que sale lidiando a una vaquilla con su bebé en brazos, le decía a una periodista que ella no podría hacer algo así sin riesgo, pero que en cambio él sí, por ser torero. Algo semejante se oye estos días en el PPSOE con respecto a la propuesta de Iglesias para formar gobierno: que los ministerios de Justicia, Interior y Defensa son un riesgo en manos de Podemos, pero que sin embargo en las suyas no, porque son diestros, supongo. No quieren ver a Bescansa sujetando a su bebé con una mano y con la otra el capote de la guardia civil ni en fotografía, no sea que vaya a caer alguien. Las banderillas y la espada ciega son de su uso exclusivo, faltaría más, y la conclusión inmediata es que cualquiera pretenda gestionarlas desde otra ideología está tramando un golpe de estado a lo Jomeini. Una revolución islámico-caribeña en el corazón de Castilla. No lo sé, como de costumbre, aunque lo que sí tengo claro es que si yo quisiera acabar con la corrupción ésos serían exactamente los tres ministerios que elegiría. Las fuerzas y cuerpos de seguridad, la fiscalía y el mando ejecutivo del ejército para que a ningún teniente coronel le dé por montar una paellada de pollo. Quizá mi teoría no tiene tanto sentido como el complot persa, sobre todo teniendo en cuenta que el peligro de que la legión tome las calles guiada por su líder carismático Iñigo Errejón es altísimo - como es sabido todos, hasta la cabra, están deseando seguirlo hasta la muerte si fuera menester, y no digamos ya ministro. Una palabra suya y saldría la mecanizada de Brunete a soltar pepinazos a iglesias (con minúscula) sin dudarlo, es evidente. "¡Juntas militares podemos!", gritarían todos con viento de levante o de levantamiento en este caso, y los antidisturbios se unirían a los perroflautas descubriendo por fin aquello que los une: que sus nombres genéricos son palabras compuestas. Y por supuesto ni la OTAN ni la Unión Europea dirían nada sobre el asunto. Se quedarían ahí pasmados pensando que todo es una fiesta local o por lo menos bastante loca en una de las mayores economías del continente.

jueves, 28 de enero de 2016

Jueves, 28 de enero.

   Últimamente están desconocidos. Órdago de Iglesias, sutil ironía de Sánchez, gambito de Rajoy... Antes las investiduras y repartos se parecían más al juego de las sillas: en cuanto se paraba la música electoral salían todos como ñus a por la suya, y el último en poner el culo eliminado. Pero ahora oye, ajedrez del güeno, todos ahí yéndose cada dos por tres a la casilla del rey a ver qué se comen o se comenta. Empezaron con la centralidad del tablero y míralos: de táctica sofisticada en táctica sofisticada. Parece que estamos en esa película de los ladrones de ultracerebros. Cualquier día descubriremos que Mariano es en realidad marciano, o que a Felipe González le han chupado el seso y ahora son otros los que hablan a través de él, seres energéticos o algo así. Hasta a Rivera se le ve extrañamente sereno. En campaña parecía el de Boney M interpretando Daddy Cool de lo que se movía, si llegan a ponerle Rasputín en el debate se nos rompe como España en sus pesadillas, pero a pesar de que sigue cambiando de banda con cada telediario da la impresión de hacerlo con mucho más aplomo y seguridad. Por no hablar de las expresiones furiosas del bueno de Errejón, que el otro día tenía cara de haberse jalado el núcleo irradiador o no sé. Era igual que Anakin Skywalker después de los dolores. Cierto que, como dicen los periodistas, las urnas han hablado pidiendo cambio. Sólo que a ver... quizá no se referían a éso; no dispongo en este momento de un traductor idioma de las urnas/español pero me da que no. La situación me recuerda a ese telegrama que se envió desde un pequeño pueblo al ministerio de la Gobernación en abril del 31: "Nos hemos declarado a favor de la República. ¿Qué hacemos con el cura?". Pues eso... mucha transformación súbita y nuevos períodos políticos pero las mismas berlangadas de siempre. La Historia sabe la pregunta pero no la respuesta, que no debió de ser, ni de lejos, igual de magnífica.