viernes, 29 de enero de 2016

Viernes, 29 de enero.

   Ayer Fran Rivera, a propósito de la foto en la que sale lidiando a una vaquilla con su bebé en brazos, le decía a una periodista que ella no podría hacer algo así sin riesgo, pero que en cambio él sí, por ser torero. Algo semejante se oye estos días en el PPSOE con respecto a la propuesta de Iglesias para formar gobierno: que los ministerios de Justicia, Interior y Defensa son un riesgo en manos de Podemos, pero que sin embargo en las suyas no, porque son diestros, supongo. No quieren ver a Bescansa sujetando a su bebé con una mano y con la otra el capote de la guardia civil ni en fotografía, no sea que vaya a caer alguien. Las banderillas y la espada ciega son de su uso exclusivo, faltaría más, y la conclusión inmediata es que cualquiera pretenda gestionarlas desde otra ideología está tramando un golpe de estado a lo Jomeini. Una revolución islámico-caribeña en el corazón de Castilla. No lo sé, como de costumbre, aunque lo que sí tengo claro es que si yo quisiera acabar con la corrupción ésos serían exactamente los tres ministerios que elegiría. Las fuerzas y cuerpos de seguridad, la fiscalía y el mando ejecutivo del ejército para que a ningún teniente coronel le dé por montar una paellada de pollo. Quizá mi teoría no tiene tanto sentido como el complot persa, sobre todo teniendo en cuenta que el peligro de que la legión tome las calles guiada por su líder carismático Iñigo Errejón es altísimo - como es sabido todos, hasta la cabra, están deseando seguirlo hasta la muerte si fuera menester, y no digamos ya ministro. Una palabra suya y saldría la mecanizada de Brunete a soltar pepinazos a iglesias (con minúscula) sin dudarlo, es evidente. "¡Juntas militares podemos!", gritarían todos con viento de levante o de levantamiento en este caso, y los antidisturbios se unirían a los perroflautas descubriendo por fin aquello que los une: que sus nombres genéricos son palabras compuestas. Y por supuesto ni la OTAN ni la Unión Europea dirían nada sobre el asunto. Se quedarían ahí pasmados pensando que todo es una fiesta local o por lo menos bastante loca en una de las mayores economías del continente.

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