Jueves, 28 de enero.
Últimamente están desconocidos. Órdago de Iglesias, sutil ironía de Sánchez, gambito de Rajoy... Antes las investiduras y repartos se parecían más al juego de las sillas: en cuanto se paraba la música electoral salían todos como ñus a por la suya, y el último en poner el culo eliminado. Pero ahora oye, ajedrez del güeno, todos ahí yéndose cada dos por tres a la casilla del rey a ver qué se comen o se comenta. Empezaron con la centralidad del tablero y míralos: de táctica sofisticada en táctica sofisticada. Parece que estamos en esa película de los ladrones de ultracerebros. Cualquier día descubriremos que Mariano es en realidad marciano, o que a Felipe González le han chupado el seso y ahora son otros los que hablan a través de él, seres energéticos o algo así. Hasta a Rivera se le ve extrañamente sereno. En campaña parecía el de Boney M interpretando Daddy Cool de lo que se movía, si llegan a ponerle Rasputín en el debate se nos rompe como España en sus pesadillas, pero a pesar de que sigue cambiando de banda con cada telediario da la impresión de hacerlo con mucho más aplomo y seguridad. Por no hablar de las expresiones furiosas del bueno de Errejón, que el otro día tenía cara de haberse jalado el núcleo irradiador o no sé. Era igual que Anakin Skywalker después de los dolores. Cierto que, como dicen los periodistas, las urnas han hablado pidiendo cambio. Sólo que a ver... quizá no se referían a éso; no dispongo en este momento de un traductor idioma de las urnas/español pero me da que no. La situación me recuerda a ese telegrama que se envió desde un pequeño pueblo al ministerio de la Gobernación en abril del 31: "Nos hemos declarado a favor de la República. ¿Qué hacemos con el cura?". Pues eso... mucha transformación súbita y nuevos períodos políticos pero las mismas berlangadas de siempre. La Historia sabe la pregunta pero no la respuesta, que no debió de ser, ni de lejos, igual de magnífica.
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