25 de julio, 2016.
Ponen como viceconsejera de Educación no Universitaria, Juventud y Deportes de Madrid a Carmen Alonso, una señora que en su día declaró que el niño gitano no quiere estudiar, que lo que quiere es "ir con su padre con la fregoneta a vender fruta". Por supuesto no aclaró en qué sesudo estudio se había documentado para sacar semejante conclusión, y lo que es peor, por qué un alto cargo (actualmente el segundo en orden de importancia) de la Consejería de Educación de Madrid considera más relevante para enfocar su labor lo que los niños quieren que lo que los niños necesitan. Sin duda muchos preferirán ser futbolistas, bucaneras o incluso ardillas trepadoras antes que ir al cole; la inmadurez no es un rasgo propio de los niños gitanos, es algo que les viene de serie a todos, afortunadamente. Infancia se llama. De ahí que se precise una "educación" tutelada por adultos para ir poco a poco orientándoles y mostrándoles todo un abanico de conocimientos que en el futuro les puedan ser de utilidad profesional o personal, y que en efecto nunca o casi nunca adquirirían por sus propios medios o inclinaciones. Sólo, quizá, aquéllos con un elevadísimo coeficiente intelectual y una mente especialmente curiosa, con una inusual aptitud y actitud ante el aprendizaje que les permita ser casi casi autosuficientes en ese terreno. Dicen que la niña "más inteligente" del mundo, dentro de estos parámetros, ya resolvía problemas de álgebra compleja con menos de diez años. Más joven aún encontraba "errores en libros y revistas", y claro, al parecer se pasa las tardes en un club de deberes empollando y absorbiendo información sin parar. Su coeficiente es superior al que poseía Albert Einstein, que ya era una barbaridad, prácticamente insuperable. Su padre, que se dedica a la limpieza y arreglo de carreteras, dice que la niña es "la comidilla de la comunidad gitana".
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