26 de julio, 2016.
Da la impresión de que la escena política se ha estancado, volviendo a convertirse en la charca inmóvil y pestilente de toda la vida. Por lo pronto ni mareas ni nuevas corrientes han conseguido la ansiada depuración, la cristalina transparencia que se pretendía, y ahora hasta se oye a tertulianos lapidarios (y lapidables en algún caso) afirmar que las negociaciones deben ser necesariamente opacas. Sin luz ni taquígrafos; sólo con sapos y culebras superficiales, que es lo que más pega en una ciénaga. El resto que lo resuelva el rey, como en las comedias de Lope. Fuenteborreguna 2.0. O que intercedan Santiago Matamoros y las vírgenes comisarias, que son como los ángeles de Charlie sólo que más potentes. Ayer mismo el arzobispo le pedía al apóstol un gobierno, porque lo de pedírselo a los reyes ya no se lo creen ni ellos. "Ay Santiño, dame un buen consejo, pero de ministros...". Así estamos. Llegados a la célebre centralidad del tablero descubrimos que lo que se juega no es elegante ajedrez, sino aburrido tres en raya. Una de esas partidas interminables entre partidos para ver quién se alinea primero y si se apunta el tonto. Como es sabido esta clase de movimientos pueden durar hasta el infinito, y ya nota uno a los periodistas inquietos buscando algo emocionante que decir al respecto, cómo retransmitir semejante sopor sin que el personal se ponga a bostezar o a quemar contenedores. Pero en fin... ánimo, muchachos, que ya queda poco. Las olimpiadas ya están a la vuelta de la esquina.
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