[13 de enero, 2016]
Han caído varios mitos en poco tiempo: Lemmy Kilmister, David Bowie, Hacienda somos todos... De los dos primeros es fácil declararse seguidor, aunque en el caso del tercero ni es fácil declararse ni se puede uno considerar por lo general más que perseguido, lo cual no quita que se tengan sensaciones intensas asociadas. A cambio, para compensar toda esta fuga de héroes y villanos capitales, sólo nos ofrecen la foto de un fiscal posando junto a un carrito mangado del Mercadona, un vulgar tremending topic con menos clase que la Universidad de la Pantoja. Ambiguo en sus argumentos, sí, pero sin llegar ni de lejos al camaleonismo sideral de Bowie, ni tampoco al considerable desparpajo del líder de Motörhead a la hora de pasárselo todo por el forro y bien. Ahora ya no sólo sacan populares en lugar de famosos, de genuinas estrellas, sino que los ponen hasta en la fiscalía. Tecnócratas buscando su minuto de gloria a base de burlar leyes éticas y estéticas, pero sin ofrecer más en el fondo que una imagen de homeless de diseño. Un auténtico pastel. Yo ya sólo espero que los adolescentes no les hagan caso, igual que no quieren hacerlo ellos (¿Hacienda somos Nóos?), y que cuando en los institutos se intente desafiar los códigos siga siendo por una causa noble y no a causa de los mismos. A Starman, que está en el cielo, se lo pido.
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