Miércoles, 10 de febrero.
Dice Albert Rivera que hay que despolitizar la cultura, como si fuera tan fácil. Para empezar, yo nunca he creído del todo en eso que llaman "la neutralidad", me suena un poco a cuento o cuenta suiza, y eso por no hablar de que la cacareada tradición cultural de occidente, sea lo que sea, está plagada de obras y referencias sobre el tema. Considerar, por ejemplo, que "La República" de Platón contiene como diría el de Ciudadanos ideas de la caverna y proyectos de estado aventureros podría ser aproximadamente cierto. Sin embargo, ponerse a neutralizar conceptos y alusiones políticas de ahí en adelante tengo para mí que se acabaría volviendo bastante engorroso. Con los recortes de personal en la red de bibliotecas tendrían que hacer turnos rotativos para rotular, y aún así saldríamos antes de la crisis que de la sección de crítica literaria. Sería mucho más práctico despolitizar a Albert Rivera. Supongo que cuando resulta tan sencillo olvidarse hasta de los títulos de tu filósofo favorito no es difícil plantearse cosas así. Acabar con la política en la cultura, o con la cultura en la política incluso. Sin complejos. Otro del gremio de los despolitizados, Óscar Bermán, pide el cierre temporal de todas las facultades de Ciencias Políticas, una solución así expeditiva o despeditiva más bien. También las de Sociología, para desocializar la cultura me imagino. Según él son "fábricas de marxistas", sitios donde se alinea a la gente en lugar de alienarla. Toda una desmesura lo de las fábricas de marxistas, vamos, una contradicción que hasta los niños de primaria saben que no puede ser. Pregúntales y cualquiera de ellos te dirá que las fábricas siempre son de jefes y que no se debe hacer de otro modo. Que dejarían de funcionar, porque el jefe es el cerebro que ejecuta. El que tiene la cultura.
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