Martes, 2 de febrero.
Pedro Sánchez, con su pinta de galanzote (o galán zote) de culebrón no venezolano, parece que se está poniendo farruco. Tratándose del PSOE uno nunca sabe si la cosa es seria o un serial, aunque en cualquier caso las opciones se reducen a dos: o bien su imagen de motor inmovilista de la izquierda saldrá reforzada, o bien acabará siendo sólo un pedazo de carne para los tibarones, que diría Felipe Zapico. En un partido de claros principios grouchomarxistas queda únicamente fijar qué senda es más rentable o menos nociva en términos electorales, si la populista o la popular; si se decantan por la progresía carismática o la carísima, por el arte alternativo o el de la alternancia. Los viejos roqueros de la formación piden un concierto nacional. Pactos sin cámaras ni mucho menos camaradas. Los barones están por la labor, quién lo diría, y como nobleza obliga pues piden autodeterminación pero de la suya, intransferible. Y así anda la cosa... Hoy el rey invita a otra ronda. Veremos si Rajoy sigue abstemio de poder. De todo se aprende; por mi parte yo no sabía que los mandatos constitucionales son como ofertas que se pueden declinar si no te vienen bien, y de manera indefinida oye. Como no se dice nada de plazos pues tampoco va a ponerse la gente a pagar a tocateja, claro, ni que fuesen las camisas de Alcampo de Pablo Iglesias, que además era el único que llevaba carteras por lo visto. "Pues mire, Su Majestad, ahora mismo lo tengo todo suelto... Otro día vengo y ya hacemos cuentas". "Claro, Mariano, si hay confianza, hombre...". ¿Cómo no va a haberla?
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