Jueves, 18 de febrero.
Ayer leí en un foro a un menda que decía que habría que encarcelar a Dolors Miquel por blasfemia. Algunos cristianos, como de costumbre, se han ofendido - cosa muy legítima, cada cual se puede cabrear por lo que le dé la gana mientras no agreda - aunque resulta curioso que invoquen para ello el Padrenuestro, esa oración que dice que hay que perdonar las ofensas, o las deudas según otras versiones. Claro que una cosa es lo que uno le pide a dios los domingos y otra lo que se exige a sí mismo cada día, claro. Es normal, lo comprendo. Además seguro que hay una magnífica teoría teológica por ahí que explica por qué Jesús quería decir algo distinto de lo que dijo textualmente. "No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados". Con lo sabio y profundo que suena ésto es una lástima que estuviese pensando en otra cosa cuando se lo dictó a Lucas. "Querellaos, y seréis indemnizados; aforaos, y no seréis condenados; no pendoneéis, que eso es de pilinguis"... Algo así, supongo. Porque en fin, pese a no compartir creencias, uno se ha leído los Evangelios, y hasta los ha oído recitar en más de una ocasión, y si algo ha aprendido de los cristianos practicantes, de algunos al menos, es que ese libro nunca se refiere exactamente a lo que pone. Siempre hay un pero y hasta un porompompero a la palabra de dios. De hecho, que Él te libre de que sea un católico quien te juzgue, porque los hay con un mal rollo con la maza que mete miedo. A la mínima te hacen un auto o un locomotivo de fe de esos que te dejan tiritando. Lo del ojo por ojo - lente por lente, que decía Benedetti - se les queda corto; en lugar de burlarse del poema de Dolors Miquel, pagarle con su propia moneda si se sienten burlados, quieren que la acribillen a multas, que le pongan los grilletes y la enjaulen... Que se cumpla la voluntad del Señor, claro que sí, que si hay algo que detesta es a las progres catalanas, es que no puede ni verlas delante (o más bien debajo, bueno). Lleva una eternidad preguntándose para qué narices las habrá creado. Ahí rascándose el triángulo todo el día.
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