Miércoles, 17 de febrero.
Parece que a los antidisturbios de la policía municipal de Madrid los van a reasignar a otros servicios. Si siguen en la línea actual puede que hasta les cambien el nombre y todo y empiecen a llamarlos prodisturbios o algo así. Uno, en su ingenuidad, esperaba un comportamiento más ejemplar en las protestas de quienes luego van a los colegios a decirles a los niños que esas cosas no se hacen, y más aún si no has perdido tu trabajo como tantos otros porque un cabrón se ha largado con la pasta a algún lugar exótico, como en su día me sucedió a mí por ejemplo, sino que simplemente te trasladan a un nuevo destino en la misma ciudad, una suerte que muchos quisieran tener en estos tiempos que corren. La próxima vez que cualquier otro colectivo de (esta vez sí) despedidos decida ir a zarandear el coche del concejal o empresario de turno, a acorralarlos y ponerlos pingando a voces, no sé qué excusa pondrán para detenerlos. "Oiga, ¿pero ud. no era el que salía el otro día llamando "rojo de mierda" a un edil y fostiano a los periodistas?". "Ehhh... bueno, sí, pero que sepa que eso es ilegal y que por lo tanto le voy a arrestar de acuerdo con el artículo blablablá... y tome, un cachiporrazo de titiritero que le propino de propina...". Este es un país de contradicciones, sin duda. Los que se llenan la boca hablando de transparencia y moralidad en la tela, digo en la tele, son los que luego ligan apropiándose indebidamente hasta del cambio; y quienes velan por la moderación en los conflictos laborales y políticos los que después se la pasan por el forro y montan la de dios cuando les asignan un puesto supuestamente menos peligroso, en el que ya no tendrán que enfrentarse a masas enloquecidas de preferentistas filoetarras y molestos desahuciados. Ya sólo falta que los médicos nos reciban en la consulta fumando y tomándose un cacharro, o que los docentes les enseñen a los chavales que la única solución es la violencia en clase de ética, si es que todavía existe tal cosa. Por ese camino me temo que vamos.
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