[25 de noviembre, 2015]
Siempre hay que dejar un margen de error en las opiniones y hasta en las certezas, y en las mías uno bien grande, aunque si me preguntan estoy convencido de que tras las elecciones España tendrá que asumir su papel internacional, es decir, el de pagafantas. Sufragar algunas fragatas, blindados, helicópteros y sobre todo carne de cañón para someter al infame califato en esta última entrega (supongo, con un margen imperial esta vez) de Iraq Wars. No me voy a referir a los aspectos éticos del asunto, puesto que los que influyen son más bien energéticos. Esto es una lucha por Oriente Medio y sus recursos, ni más ni menos, y quien crea que lo que se defiende es la democracia y la libertad en fin... que mire las fotos. Et tout le reste est littérature, que decía Verlaine, céfiros y palabrería mientras no se demuestre lo contrario con hechos. Tortas de tertulia. Llegados a este punto habría que determinar qué intereses estratégicos tiene España en la zona, en pozos, oleoductos y demás, aunque me da que ninguno de relevancia. No que se sepa. Son otros los que compran barriles a mitad de precio y nos los revenden con un margen ya no sé si decir estratosférico o qué, los que controlan el tráfico de armas y oro negro, todas esas monarquías tan turbantes, y sin embargo cada vez que silban las balas y truenan los pepinazos tenemos que ir ahí a dejarnos la pasta que no tenemos y los soldados que sí pero que preferimos mantener con vida porque somos así de sentimentales, qué le vamos a hacer. La excusa es que tenemos acuerdos que cumplir, tratados y convenios, y sobre todo una imagen que mantener en eso que los periodistas llaman el "concurso internacional", como si fuese una elección de miss país comparsa y sus domas de honor. Hay que hacerse la foto de las Azores y con cara de azorados además, no vaya a ser que se piense que los españoles no estamos dispuestos a colaborar en el enriquecimiento ajeno con esa gallardía que nos caracteriza desde los tiempos de Juana la loca por lo menos. Aunque quizá haya llegado ya el momento de decir que quien quiera peces que se moje el culo, y el que quiera paces pues también (y entonces ya veremos). Pero mientras, que no nos vuelen otro tren, que al precio que salen y con el aprecio que sentimos por los que van dentro no me parece que sea un buen negocio. O sea, que dejarse de gaitas y a lo nuestro, que luego desparecen los aliados y vienen los líos y aquí no se hace cargo ni dios, ni el de oriente ni el de occidente.
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