viernes, 5 de febrero de 2016

[17 de diciembre, 2015]

   Ayer le dieron un puñetazo a Rajoy. Una buena hostia, la verdad; si el chaval llega a estar un poco más desarrollado lo noquea. Ya hay algún periodista diciendo por ahí que es el mayor atentado a un presidente en la historia de este país. Menuda banda, desde que pagan a menos de un euro el folio y a doscientos el follón cada día se lo piensan menos. A mí me salen por lo menos cuatro asesinados, y eso sin contar a los de la Segunda República, A Eduardo Dato le metieron veinte tiros. ¡Veinte!, que se dice pronto... Me imagino la conmoción que supuso aquéllo entonces, los ayes, los panegíricos, la solemnidad... Y ahora ya no se acuerdan ni los mismos que lo sacaron en portada. Aunque no sé, últimamente tengo la sensación de que algunos empiezan a contar la historia de España desde la transición. De que todo lo preconstitucional se considera como paganismo o algo así, épocas oscuras, hirientes o inapropiadas. Es probable que aún quede gente por ahí que estuviera viva entonces; mi abuelo nació pocos años después del suceso y ahí sigue, y no es el hombre más viejo del país aunque se apellide así. A quienes lleguen a semejantes edades quizá les sorprenda descubrir la poca importancia que se le da a Adolfo Suárez por ejemplo, y no digamos ya a Calvo-Sotelo, del que tengo para mí que no se acuerda ni la mitad de la población a estas alturas. "Pues en el 2015 le dieron un guantazo al presidente Mariano Rajoy...". "¿A quién? ¿Pero qué dice esta momia? Ande, abuelo, déjese de cuentos y fosas marianas y mire al futuro, que ahora se puede con las gafas radiónicas...". Y descubrirán tal vez la poca importancia que tuvieron en el cómputo total procesos que hoy se describen como "críticos", "fundamentales" y hasta "históricos". O la mucha que tienen otros que ni se ven, que andan por ahí fluyendo en las cañerías de la intrahistoria y que a la larga serán los que permanezcan, si no en el memoria sí en el presente de quienes nos releven. Porque ésos no necesitan salir en periódicos y encuestas para tener entidad y ser lo que son. Los que pretenden olvidar la Historia lo que olvidan siempre es que en definitiva será ella la que decida y ordene en su transcurso. La que se salga con la suya, que es lo que verdaderamente cuenta, al final, y por supuesto les olvide a ellos.

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