Lunes, 8 de febrero.
Todo esto de los titiriteros me recuerda un poco a esa escena de "La vida de Brian" en la que van a lapidar a un vejete por haber dicho "Jehová". Una de las mejores de la película. Al final acaban apedreando al tipo que leía la sentencia, por haber dicho también "Jehová" mientras lo hacía, ya que claro, independientemente del contexto el pecado, el delito, era pronunciar su nombre sin permiso, sin seguir el ritual debido o ante un foro inadecuado. Aquí en la España actual también existen palabras tabú por lo visto, palabras que no se deben mostrar ni siquiera en una ficción y como vehículo para aludir a otras cuestiones (como son, en este caso, los montajes para condenar a alguien por el mero hecho de usarlas, llevados a cabo en una especie de trama policíaca de guiñol). Personalmente siempre me han dado más miedo este tipo de reacciones que las palabras en sí. La furia desatada cuando alguien dice algo prohibido, sin importar si se hace con la abierta intención de blasfemar o sólo de tratar de cuestionar ciertos límites y realidades, que es por otro lado una de las funciones más clásicas del arte. La llamada "corrección política" siempre me ha dado bastante repelús, venga de donde venga, porque creo que es el camino más directo al fanatismo, la confrontación y el castigo ciego, sin reflexión previa. Algo ya conocido de otras épocas, y que jamás dio ningún resultado positivo. Sólo, quizá, cuando los benditos cómicos lo utilizan para burlarse y consiguen por fin que podamos reírnos nuestra estupidez y en cierto modo redimirnos así de ella. Porque si hay algo que he aprendido es que Jehová no va a hacerlo, eso seguro.
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