[21 de diciembre, 2015]
Por lo visto España se ha vuelto ingobernable de pronto. Antes no lo era; teníamos a Mariano y sus mariachis al volante, con una mayoría parlamentaria que muy bien podría calificarse como absolutista, y las decisiones se tomaban sin necesidad de pactos ni consultas, a la buena de dios o de la virgen patrona. Pero ahora claro, con tanta formación política y tan poca en el fondo ya es otra la historia. Hay que llegar a acuerdos entre sustancias opuestas, insolubles, repelentes en su mayor parte. Si hemos dejado atrás una legislatura con aires de teatro, la que viene se adivina más bien tipo tetris, con piezas de distintos colores y formas que habrá que ir encajando como buenamente se pueda para que salga la línea a seguir, girándolas según caigan o incluso poniéndolas del revés. Y todo ésto en un país que simboliza una pintura goyesca de dos tipos dándose de garrotazos, ojo. Bueno, en Bélgica se vivió no hace mucho una situación semejante y por lo visto les fue fenomenal. Los indicadores económicos subieron de manera insospechada, una barbaridad, y experimentaron un crecimiento que ni los expertos más puestos de la tele habían podido vislumbrar en sus viajes al fondo de la cuestión. El país funcionaba bien, de la hostia sin un gobierno en activo, sólo con la estructura administrativa corriente y los técnicos y profesionales ejerciendo su labor sin manoseos ni injerencias de dirigentes. Yo diría que al final tuvieron que entenderse hasta en tres idiomas para no quedar como inútiles más que otra cosa, para que la gente no empezara a preguntarse si necesitaban realmente a todo ese personal invitado a los debates y los cubatas y para qué. Un país ingobernable puede ser muy peligroso en ese sentido: sanitarios cualificados controlando la sanidad, sesudos contables echando las cuentas reales, maestros educando sin adoctrinamiento, inspectores inspeccionando sin directivas, fiscales actuando sin sometimiento jerárquico... ¡peligrosísimo de verdad! Así que no dudo que hallarán, más pronto o más tarde, puntos de encuentro para librarnos a todos de esa terrible experiencia de no ser gobernados. De que las cosas sigan funcionando sin su intervención ni sus magníficas ideas para que no haya líos.
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