[2 de diciembre, 2015]
Cuando hablo de corrupción política no hablo sólo de los proverbiales sobres y las boas constructor. También de una corrupción en sus esencias, en su forma de hacer y entender esa política. No sé si ésto se puede calificar técnicamente como corrupción, pero desde luego huele como si lo fuese, como la Dinamarca de Hamlet con sus fantasmas y sus puñaladas y todo el lote. Ni a lucha de clases llega, porque para que exista semejante cosa hay que tener alguna clase al menos, y no es el caso. Supongo que Marx habría llamado a los participantes en el tinglado "hamburguesía" o algo por el estilo, porque es lo que parecen todos. Pablo Casado, esa especie de Capitán América de los pepinos (juventudes del PP aplicando la terminología hamburguesa), afirmaba ayer que Rajoy ha ganado el debate sin asistir a él, y lo peor es que igual hasta tiene razón. Metroscopia, que tiene nombre de señora con mandil cocinando pucherazos, dice que no, aunque hasta Sandro Rey acierta más que ella, y tengo para mí que no asistir a semejantes chancletadas es ya un triunfo en sí mismo, se mire desde una óptica estadística o con las gafas radiónicas. Y es que la cosa ya se parece peligrosamente a los tronados de Mujeres, hombres y viceversa, ahí fardando de músculo ideológico y marcando bien el paquete de medidas extraordinarias. Hombres y vicepresidenta podría llamarse el invento. con todos compitiendo y computando como campeones, intentando hacerle los simpáticos y hasta los sensibles para que veamos que son unos candidatos (¿canidatos?) magníficos. "¿Qué harías con España en la primera cita?". "Bueno... la llevaría a un sitio chulo... al G7, ¿sabes?, que es un sitio muy exclusivo donde nadie está parado y todos van dándolo todo, y luego no sé... daríamos una vuelta completa y después la pondría en las medias europeas, con transparencias y eso, ¿sabes lo que te digo, bonita?". Dudo que la cosa vaya a dar para mucho más, que surja algún tipo de discurso novedoso o sencillamente natural, sin imposturas baratas ni posturas de bareto. Algo que, equivocado o no, podamos al menos considerar fresco, no caducado, no al borde mismo de la corrupción. Aunque con estos mercados que tenemos ya se sabe. Es lo que compran y venden, lo que pretenden que nos traguemos. A partir de aquí que se impongan la podredumbre y los marrones es una simple cuestión de tiempo, y no mucho en general.
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