viernes, 5 de febrero de 2016

[9 de diciembre, 2015]

   La idiotez está bastante infravalorada. En muchos casos se paga bien, cierto, y para llegar a determinados escalafones es la mejor vía, si no la única. Aunque por eso precisamente sorprende el desprestigio social que tiene; choca que a estas alturas no se tenga asumido como algo corriente y hasta útil en el mercado laboral o político, a los más altos niveles sobre todo. En la Rusia precomunista a los más destacados del gremio hasta se les divinizaba y todo. Eran los llamados "inocentes sagrados", e intervenían abiertamente, sin tapujos ni disimulos, en importantes asuntos de estado, moviéndose por palacio como Pedro el Grande por su casa. Para según qué asuntos se hacía caso a los vislumbres insondables del idiota. Se les consultaba. Los más desarrollados incluían intérprete, claro está, aunque una vez traducidos convenientemente sus indicaciones eran como órdenes de dios a todos los efectos. No digo que este sistema no exista en España a su manera, ni mucho menos. Sólo que hay como cierto pudor a la hora de reconocer la presencia y el uso del idiota en decisiones graves, ya sean privadas o públicas. A muchos se les presenta como personas formadas, de alta cualificación, despistando así a la ciudadanía, que evidentemente se percata de que está ante un idiota, dirigida en su trabajo o su municipio o lo que sea por un idiota, pero sin poder describir las cosas tal cual son. Sin dobleces ni eufemismos. En ese sentido creo que sería positivo prestigiar la idiotez. Darle el prestigio y el relumbre que merece, y el puesto que realmente ocupa. Acabar con esa absurda manía de tener que llamar al idiota de otro modo para no ofenderle, como si el mundo no estuviese gobernado por idiotas, y poder hacerlo con la denominación el carácter que en verdad le corresponde, dignificado. "He comprado cincuenta mil banderines con las enseñas nacional y regional. Haga que los cuelguen por toda la ciudad acompañados de hilo musical y osos polares patinadores, que a la gente le gusta". "Ahora mismo, Su Idiotísima...". Incluso se podría hacer una carrera para idiotas (una licenciatura quiero decir, que nadie salga disparado - corriendo quiero decir, que nadie se asuste -) para enseñarles a ser como son, y que si persigues un sueño puede ser que lo alcances y tal. En fin, todas esas cosas que hay que decir en las entrevistas para empleos idiotas.

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